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Come bien, muévete y nada de estrés: así empieza la receta para llegar a los cien años

¿Hay “trucos” para vivir hasta los cien años o más? Sí, los hay. Pero no son fáciles, claro, si no estaríamos rodeados de centenarios. Para empezar, hay factores genéticos. Se nace con propensión a la longevidad, igual que a la corta vida. De hecho, entre un 20 y un 50% de las posibilidades de llegar a los cien depende en buena parte de haber nacido con los genes adecuados, como por ejemplo, con una variante del gen FOXO3A, o del gen GSTT1 con un alelo no funcional. Se ha observado claramente en experimentos animales que evitar la destrucción de los telómeros o extremos del ADN influye en la ralentización del deterioro celular e incluso reduce la posibilidad de aparición de cáncer. Tres de cada diez personas centenarias llegan a esa edad sin enfermedades del corazón o el metabolismo, lo que estadísticamente demuestra que tienen una constitución genética muy resistente a las agresiones ambientales. Y de cada cien “matusalenes”, cerca del 80% son mujeres, lo que tiene mucho que ver con la maternidad y la protección hormonal y genética que se produce durante el embarazo, pero también con que una variante del cromosoma 9p21.3 está más presente en mujeres que en hombres. Pero algo menos conocido es que la genética de un individuo se puede modificar… sin pasar por el laboratorio. Podemos activar o desactivar genes con nuestras costumbres. Nuestro ADN no es inmutable. A lo largo de la vida, nuestros hábitos y nuestro entorno modifican nuestros marcadores genéticos con lentitud pero sin pausa, haciéndonos más débiles, o más fuertes, para resistir a las enfermedades y a la vejez. Es lo que se denomina epigenética. Y es la epigenética la que está detrás de esos populares “trucos para llegar a viejo”. En la inmensa mayoría de los casos de ancianos asombrosos, la clave de su edad está en su modo de vida, en las costumbres que han practicado durante muchos decenios, que han cambiado la expresión de sus genes haciéndoles menos vulnerables y más adaptables. Dentro de esta disciplina científica, se consideran “zonas azules” aquellos lugares del planeta donde hay una estadística de población longeva muy superior a lo normal. Las más conocidas, por haber salido en los primeros libros sobre este tema, son Acciarioli en Campania (Italia), la isla japonesa de Okinawa, la península de Nicoya en Costa Rica, la isla de Cerdeña (Italia), Loma Linda (California) y la isla de Icaria (Grecia). En España, la mayor longevidad se detecta en la mitad norte, siendo por provincias Salamanca la más destacada, aunque a nivel local hay sorprendentes casos de gran longevidad en pueblos del interior de Galicia o el Cantábrico, como Melide (La Coruña), aunque también en otras comunidades como en Valencia (Alzira). Hay factores en estos “puntos azules” que son específicos y no se pueden copar. Muchos de esos sitios están bastante aislados, lo que ha favorecido la prevalencia y homogeneidad de genes favorables en su población, además de ayudar a mantener estables costumbres populares propicias. Pero muchas de esas costumbres son “exportables” y son comunes en todos los casos. Tome nota y empiece ya, aún está a tiempo de conseguir un cumpleaños de tres cifras si la suerte le acompaña.

El triángulo de la vida: buena nutrición, nada de estrés, y actividad física

Los tres aspectos clave, comunes a prácticamente todos los casos de longevidad, son el de alimentarse con una dieta saludable y completa, hacer ejercicio de forma constante toda la vida, y vivir en entornos tranquilos con poca presión o nulo estrés. Que las dos zonas del mundo con mayor población centenaria con diferencia, como son Japón y los países del Mediterráneo, coincidan en tener una dieta variada y sana, deja clara esta relación entre lo que comemos y lo que vivimos. El deporte es también imprescindible: nuestro cuerpo necesita mantenerse en forma, pues la pasividad aumenta la rapidez del deterioro celular a todos los niveles. Pero quizás el aspecto más crítico y menos valorado de este trío de ases es el del estrés: la relación entre menores niveles de estrés y edad más avanzada es muy fuerte, y los famosos pueblos llenos de personas con más de 100 años coinciden en ser apacibles y no haber cambiado apenas de ritmo de vida durante decenios. Si a primera vista Japón no es un buen modelo en cuanto a estrés, debemos tener en cuenta que las zonas rurales del archipiélago están muchísimo menos pobladas que las megaurbes japonesas, y mantienen ritmos de vida ancestrales desde hace siglos.

Ejercicio mental continuo

Los japoneses en particular añaden a su receta para la longevidad el ejercicio cerebral variado. Leer a diario y mantenerse informado alejan las enfermedades mentales y reducen el riesgo de alzheimer. Pero además, el ponerse objetivos en la vida, aunque sean de un corto plazo tal como el día a día, ayuda a mantener el interés y el esfuerzo continuados, a permanecer concentrados y a sentirse mejor con uno mismo al acabar el día.

El clima ayuda

Casi todos los países y comarcas con poblaciones centenarias se sitúan en zonas de clima templado-cálido, con muchas horas de sol al año y temperaturas agradables. No es ninguna novedad la relación entre sol, buen tiempo y calidad de vida, y al fin y al cabo, es lógico que esta calidad afecte a la duración de la vida. Como siempre es la estadística la que lo demuestra: incluso en Europa, donde los países nórdicos son más prósperos y tienen mejores sistemas sanitarios y asistenciales, los jóvenes tienen menos facilidad para llegar a viejos que los países mediterráneos, más pobres y con infraestructuras algo peores… pero con buen tiempo. Los lazos sociales y afectivos, esenciales En casi todos los casos de pueblos longevos, una característica común es el de ser comunidades socialmente sólidas, con lazos fuertes de solidaridad y de acompañamiento entre sus miembros. Las culturas mediterráneas favorecen este tipo de sociedades locales arraigadas y reforzadas, no sólo en el sentido de pertenencia a un grupo acogedor, sino también por su sentido de la familia, la paternidad y los lazos de parentesco. Pero este fenómeno también aparece en cualquier comunidad de otra cultura que tenga estas características. Está claro que este aspecto de la longevidad está estrechamente relacionado con la ausencia de estrés típico de las personas centenarias: cuando vives protegido por tu familia, amigos y vecinos, vives con mucha más calma todas las circunstancias de la vida y las superas con tranquilidad. Para terminar, hay que señalar que los españoles tenemos “suerte” en cuanto a longevidad se refiere. Si bien no tenemos una economía tan próspera como las nórdicas, tenemos sol y buen tiempo, una dieta tradicional saludable, vivimos con poco estrés, y nuestra sociedad mantiene aún lazos solidarios y familiares fuertes. No por nada España ha subido en el escalafón mundial de los países con mayor expectativa de vida hasta el cuarto puesto con un promedio de 82,8 años, empatados con Australia y sólo por detrás de Japón, Suiza y Singapur. Eso sí, la diferencia entre sexos es notable. Los hombres españoles viven en promedio 80,1 años (novenos del mundo), mientras que las mujeres llegan hasta los 85,5 (terceras).

Los lazos sociales y afectivos, esenciales

En casi todos los casos de pueblos longevos, una característica común es el de ser comunidades socialmente sólidas, con lazos fuertes de solidaridad y de acompañamiento entre sus miembros. Las culturas mediterráneas favorecen este tipo de sociedades locales arraigadas y reforzadas, no sólo en el sentido de pertenencia a un grupo acogedor, sino también por su sentido de la familia, la paternidad y los lazos de parentesco. Pero este fenómeno también aparece en cualquier comunidad de otra cultura que tenga estas características. Está claro que este aspecto de la longevidad está estrechamente relacionado con la ausencia de estrés típico de las personas centenarias: cuando vives protegido por tu familia, amigos y vecinos, vives con mucha más calma todas las circunstancias de la vida y las superas con tranquilidad. Para terminar, hay que señalar que los españoles tenemos “suerte” en cuanto a longevidad se refiere. Si bien no tenemos una economía tan próspera como las nórdicas, tenemos sol y buen tiempo, una dieta tradicional saludable, vivimos con poco estrés, y nuestra sociedad mantiene aún lazos solidarios y familiares fuertes. No por nada España ha subido en el escalafón mundial de los países con mayor expectativa de vida hasta el cuarto puesto con un promedio de 82,8 años, empatados con Australia y sólo por detrás de Japón, Suiza y Singapur. Eso sí, la diferencia entre sexos es notable. Los hombres españoles viven en promedio 80,1 años (novenos del mundo), mientras que las mujeres llegan hasta los 85,5 (terceras).

6 Comments

  1. Kathi

    Me ha apasionado este texto y nunca había analizado una opinión como esta sobre el tema,
    impresionante ! Saludos

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